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Cada 28 de julio se conmemora el Día Mundial contra las Hepatitis Virales, una fecha impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para visibilizar una enfermedad que, aunque muchas veces transcurre sin síntomas durante años, continúa siendo una de las principales causas de cirrosis, insuficiencia hepática y cáncer de hígado.

La jornada busca reforzar un mensaje clave: las hepatitis virales pueden prevenirse, detectarse a tiempo y, en muchos casos, tratarse de manera efectiva. En el caso de la hepatitis C, incluso es posible alcanzar la curación con los tratamientos disponibles en la actualidad.

Las hepatitis son enfermedades que producen inflamación del hígado y pueden estar causadas por distintos virus. Existen cinco tipos principales: A, B, C, D y E. Algunas generan infecciones agudas que se resuelven en pocas semanas, mientras que otras pueden evolucionar hacia formas crónicas capaces de producir un daño progresivo del hígado durante años.

Cuando aparecen manifestaciones clínicas, pueden incluir fiebre, cansancio persistente, pérdida del apetito, náuseas, vómitos, dolor abdominal, erupciones cutáneas, orina oscura, materia fecal clara y la característica coloración amarillenta de la piel y los ojos conocida como ictericia. Sin embargo, en las formas crónicas los síntomas pueden tardar años en presentarse, y están más relacionados con un daño persistente producido en el hígado por la circulación de virus en sangre, inclusive causando cirrosis hepática con todas sus complicaciones. 

Uno de los principales desafíos es que las hepatitis B y C suelen avanzar de manera silenciosa. Muchas personas desconocen que están infectadas hasta que un análisis de rutina o un estudio solicitado por otro motivo permite detectarlas. Esa falta de síntomas iniciales explica por qué el diagnóstico precoz ocupa un lugar central en las estrategias sanitarias.

Según datos de la OMS, durante 2024 alrededor de 287 millones de personas conviven con hepatitis B o C crónica en el mundo. En la región de las Américas, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierte que millones de personas desconocen su diagnóstico y que el acceso al tratamiento continúa siendo uno de los principales desafíos para controlar la enfermedad.

Frente a este escenario, los especialistas coinciden en que la combinación de vacunación, diagnóstico oportuno y acceso a los tratamientos constituye la herramienta más eficaz para reducir las complicaciones y evitar nuevas infecciones.

En Argentina, la vacunación constituye una de las principales herramientas de prevención. Las vacunas integran el Calendario Nacional de Vacunación: contra la hepatitis A se aplica a los 12 meses de vida, mientras que la vacuna contra la hepatitis B tiene una primera dosis que debe administrarse dentro de las primeras doce horas de vida. Quienes no hayan iniciado o completado el esquema pueden hacerlo posteriormente mediante un esquema de tres dosis, recomendado también para adultos, embarazadas, puérperas y personal de salud; inclusive cuenta con acceso universal (se puede solicitar su aplicación sin orden médica).

Con respecto a las vías de transmisión, la hepatitis A y la hepatitis E se transmiten principalmente por el consumo de agua o alimentos contaminados y están estrechamente vinculadas con las condiciones de higiene y saneamiento.

En cambio, las hepatitis B, C y D se transmiten por contacto con sangre o fluidos corporales infectados, durante relaciones sexuales sin preservativo, por compartir agujas u otros elementos cortopunzantes, mediante procedimientos que no respeten las normas de bioseguridad o, en el caso de la hepatitis B, de madre a hijo durante el embarazo y el parto.

Por todo esto, es que también se consideran también infecciones de transmisión sexual (ITS).  

Además de la vacunación, se recomienda utilizar preservativo en las relaciones sexuales, no compartir agujas, máquinas de afeitar ni cepillos de dientes, y asegurarse de que tatuajes y piercings se realicen en establecimientos habilitados que respeten  las normas de esterilización.

 EL ACOMPAÑAMIENTO DE IOMA

Garantizar el acceso al diagnóstico y al tratamiento constituye una de las herramientas más importantes para reducir las complicaciones asociadas a estas enfermedades.

Es por esto que IOMA brinda cobertura para prácticas de laboratorio durante los controles prenatales, que incluyen la detección de hepatitis B en las personas embarazadas. Esta medida resulta fundamental para prevenir la transmisión del virus al recién nacido. En aquellos casos en que la persona gestante sea portadora del virus de hepatitis B, la obra social también cubre la administración de gammaglobulina al bebé, una intervención que reduce significativamente el riesgo de transmisión materno infantil.

Además, la obra social de las y los bonaerenses ofrece cobertura del 100 % para la medicación destinada al tratamiento de las hepatitis B y C, facilitando el acceso a terapias que permiten controlar la infección crónica por hepatitis B y curar la hepatitis C mediante tratamientos orales seguros y altamente eficaces.

El acceso temprano a estas prestaciones mejora el pronóstico, disminuye el riesgo de desarrollar cirrosis o cáncer de hígado y contribuye a reducir la transmisión del virus en la comunidad.

La OMS se propuso eliminar las hepatitis virales como problema de salud pública para el año 2030. Alcanzar ese objetivo requiere ampliar el acceso a las pruebas de diagnóstico, fortalecer las campañas de vacunación y garantizar que todas las personas que lo necesiten puedan recibir tratamiento oportuno.

En ese camino, el compromiso de los sistemas de salud, junto con la información y la consulta médica ante los factores de riesgo, resulta fundamental para transformar una enfermedad muchas veces silenciosa en una condición prevenible y tratable. 

COBERTURA DE IOMA

  • Prácticas de laboratorio durante el embarazo para detectar hepatitis B.
  • Gammaglobulina para recién nacidos de madres portadoras de hepatitis B.
  • Cobertura del 100 % de la medicación para el tratamiento de las hepatitis B y C.
  • Acceso a tratamientos que permiten controlar la hepatitis B y curar la hepatitis C.

CUÁNDO CONSULTAR 

Aunque muchas hepatitis no producen síntomas durante años, es importante consultar al equipo de salud si aparecen síntomas relacionados con enfermedad hepática crónica:

  • Cansancio persistente.
  • Fiebre.
  • Náuseas o vómitos.
  • Dolor abdominal.
  • Pérdida del apetito.
  • Orina oscura.
  • Color amarillento en la piel o los ojos (ictericia).

También es recomendable solicitar la vacunación y realizarse estudios durante los controles de rutina indicados por el profesional de salud, y sobre todo cuando existan factores de riesgo para haber contraído alguno de los virus.

FUENTE:

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